Las suscripciones de streaming parecían en otro tiempo una forma sencilla de acceder a cientos de películas y series por el precio de una entrada de cine. La comodidad de ver contenidos en una tableta, un teléfono o un televisor se mantiene, pero la experiencia se ha vuelto menos atractiva a medida que suben los precios, la publicidad se hace más habitual y los catálogos se dividen entre varios proveedores.
Después de gastar más de 50 euros al mes en distintos servicios, el autor decidió dejar de mantener varias suscripciones. El problema principal no era solo el coste, sino también el cansancio de tener demasiado contenido disponible. Pasar de una aplicación a otra a menudo implicaba descubrir que una licencia había cambiado de manos, que una nueva temporada requería un pago adicional o que una película deseada había desaparecido.
En lugar de facilitar la elección, la abundancia de recomendaciones solía provocar largos periodos de desplazamiento por los menús antes de decidirse por algo casi al azar. Al mismo tiempo, los planes básicos se han encarecido gradualmente, mientras que las opciones sin anuncios se presentan cada vez más como alternativas prémium. Combinar cuatro o cinco servicios para series, películas, anime y YouTube puede resultar en una factura anual de más de 500 o 600 euros, pese a no disponer de más tiempo libre que antes.
El nuevo enfoque consiste en suscribirse solo cuando sea necesario. Ahora el autor mantiene una lista de varias producciones de una plataforma concreta, se suscribe durante un único mes cuando ya hay suficiente contenido para ver y cancela inmediatamente la renovación automática. Cuando un servicio estrena episodios semanalmente, esperar hasta que esté disponible la temporada completa puede hacer que este método resulte más práctico, aunque no siempre es fácil evitar la presión de mantenerse al día con los nuevos lanzamientos.
Los canales gratuitos y los servicios FAST también han pasado a formar parte de la rutina. El autor ha redescubierto contenidos ofrecidos por las cadenas españolas y canales temáticos disponibles a través de un televisor inteligente Hisense, que pueden funcionar bien durante la cena o para ver películas clásicas.
Los formatos físicos son otra alternativa. Algunas películas compradas en el pasado se están viendo a través de una consola, y también se están considerando ofertas de Blu-ray. Pedir prestado contenido en bibliotecas se presenta como otra forma de evitar depender de catálogos que pueden cambiar con frecuencia.
Después de un par de meses, el cambio ha producido un resultado positivo. Al principio hubo cierta sensación de estar perdiéndose los estrenos, muchos de los cuales, de todos modos, probablemente no se habrían visto. A cambio, ha habido más tiempo disponible para jugar, y tener menos opciones un sábado por la noche ha facilitado elegir algo en lugar de navegar sin parar por las aplicaciones. Para el autor, reducir el streaming ha recuperado en última instancia parte de la libertad que la elección ilimitada prometía en otro tiempo.
Fuentes: Xataka Móvil.